>> lunes, 1 de junio de 2009


Aún permanecía impasible, sentada en el bordillo de aquel portal ¿Cuánto tiempo habrá pasado desde entonces? Dejé de contar las horas y los días hace demasiado tiempo. Me ceñía a los momentos que, poco a poco, fueron desapareciendo hasta dejar de existir. También dejé de sentir, en el más estricto sentido de la palabra mi corazón murió junto a él. Necesitaba los recuerdos pasados para seguir sobreviviendo, porque esa persona se había marchado para siempre y yo seguía aquí esperando su regreso. También los recuerdos que más daño hacen están presentes en cada uno de mis movimientos, porque cada día nos queríamos un poco menos y sin darnos cuenta el abismo creció un palmo, dos, hasta hacerse demasiado grande que ninguno podría haberlo saltado. Nunca estuvimos hechos el uno para el otro, todo era una mentira tan profunda que realmente yo misma me la creí. Pero yo siempre procuraba serme sincera, aquello que sentíamos no llevaba a ningún sitio. Escucho los sonidos de los aviones alejarse, en uno de ellos se marcha, dejándome sin corazón y sin lágrimas. Había llorado tanto durante toda mi vida que se habían agotado en el momento menos oportuno. Porque ya no quedaban finales felices, ni tampoco magia, un poco de realidad fría y caliente café en un amanecer con olor a lágrimas secas en la almohada. 



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