>> jueves, 9 de julio de 2009

- Cobarde.- Susurró ella, casi como un movimiento del viento.- Ni siquiera eres capaz de intentarlo ¿A ésto te referías cuando decías que era para siempre? No quiero ser uno de tus juegos, será mejor que me vaya.

Se levantó del sofá, tapizado en nívea piel blanca, recogió su bolso y su abrigo colocados púlcramente sobre el reposabrazos. Escuché sus tacones alejarse, también abrir la puerta y cerrarla bruscamente y entonces fue cuando me di cuenta lo que se sentía al perder a alguien.


Hasta siempre Caterina.

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