Como el día que desee encontrarte en mi cama al amanecer.

>> jueves, 2 de julio de 2009


Llovía. Las gotas de agua cristalina resbalaban por la ventana, chocando con fuerza contra ella. 
El autobús seguía su curso, con algunos derrapes propios de un asfalto empapado. El ambiente estaba viciado por un olor a tabaco barato y una humareda color escarlata no dejaba ver más allá de tres pasos. Sentí las lágrimas, ácidas y anhelantes, deseaban salir de mis ojos para que aceptara de una puñetera vez que estaba completamente sola.
Él se había ido, ni siquiera sé o recuerdo cuanto tiempo hace de eso, pero se marchó y ahora solo queda un vacío, un triste recuerdo que me destroza y que duele cada día un poco más. Ya no quedaban amigas a las que llamar, sitio al que regresar o hombro en el que llorar, ya no quedaba nadie porque cuando le entregas tu vida entera a una persona y ésta se va para no volver, solo quedas tú y tu más profunda pena.


Me dejaste por vivir una vida algo mejor.

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