La noche en que todo acabó.

>> lunes, 6 de julio de 2009

Después de ya demasiadas horas delante del televisor, viendo películas románticas hasta el empalague, llorando por gilipolleces que ni siquiera son tristes, lo apago con el mando a distancia y me voy a la cama, allí me tapo hasta la altura de la barbilla y enciendo el reproductor de música en aleatorio. Como si realmente supiera mi estado, las canciones empiezan a sonar una tras otra, tristes, melancólicas, íntimas, nostálgicas, tan llenas de dolor que incluso me hacen llorar. Las lágrimas caen, se agolpan y caen una tras otra, mueren en mis labios mientras los sollozos se calman debajo de la almohada. No hay nada peor que sentirse vacía, sin ganas de levantarte, ver como amanece, es tarde para dormir, hora de despertar y observar que el mundo no te espera.




He aterrizado aquí, en alguna parte.

 

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