>> miércoles, 28 de octubre de 2009


Recorrer la ciudad, encontrarte en cualquier bar. En cualquier parte. Sentir algo, un latido, una mariposa reacia a agitar sus alas. Con miedo a provocar un efecto. Desbastador e irremediable. Cogerte con la sangre hirviendo en mis venas, sintiendo que sobra hasta la piel. Encerrarte en cualquier baño. Agarrar la cintura que me hipnotizó en la pista, acercarla hasta la mía, sentirnos excitados. Suspirar casi al unísono, que nos cale más allá de los huesos, más profundo que el mismísimo corazón. Tu cuello, recorrerlo con mi lengua tan despacio que parezca que se ha parado el tiempo. Que el mundo se cae ahí fuera. Que aquel es nuestro sitio. Nuestro momento.

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