Frases de una noche de verano.

>> lunes, 1 de febrero de 2010


Invierno. Profundo, estable, desgarrador. Gélido viento cortando mi cara. Agrietando mis labios. Ciudad encharcada. Lágrimas que caen del cielo y se rompen contra el duro asfalto. Pisoteadas por pies demasiado ágiles. Por personas con demasiada prisa. Resguardando sentimientos bajo ropa húmeda. Escondiendo sensaciones detrás de capas de maquillaje. Tímidas mariposas las que reposan esperando respuesta. Reacias a alzar el vuelo. Negaciones que brotan de miradas ajenas. Absorta ante tanto amor de pegatina. Tantas falsas promesas dichas en momentos poco oportunos. De esas esperanzas que se clavan en el corazón como espadas de luna llena. Taciturna la luz que ilumina tu tez blanquecina. Que refleja mis deseos de comerte. Devorarte y no dejar ni las migas. Todo ocurrirá en silencio. Puede que nuestros suspiros mueran en labios ajenos. Propia pasión. Recíprocas ganas de alzarnos en la cumbre borrascosa. Que el único fuego que arda sea el que nazca debajo de las sábanas. Dónde al amanecer las cenizas se marchen y solo quede tu exasperante presencia. Jodidamente encantador. Matando la soledad a golpe de caricias. De besos de esos que roban el aire. Incluso el alma. Que todo acabe y empiece aquí. Porque la vida son dos días y las penas, alegrías.

Texto que encontré por ahí. Ni siquiera recordaba su existencia.

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