>> domingo, 9 de enero de 2011


Hacía demasiado tiempo que no empezaba a sentirme así. La felicidad debería colmarme de tal manera que me ahogara entre tanta gracia y no hago más que hundirme entre las lágrimas que no se derraman por miedo a que al mundo se le antoje que son de alegría. Sigue en mi mente aquella sensación de desasosiego que tanto tiempo ha sido una mano apretando fuertemente mi cuello hasta dejarme sin la más mínima gota de oxígeno.
Tengo ganas de salir corriendo hacia aquel lugar que un día, hacía demasiado tiempo, me embriagó con la más sincera dicha. De arrodillarme ante aquella persona que un día, hacía demasiado tiempo, me devolvió los trocitos de alma que había regalado a lo largo de este camino al que llamamos vida. Devolvérselos con aires de perdón. Regalárselos de alguna manera, porque ya eran suyos desde el principio. "Guárdatelos en algún sitio donde te sean útiles, en aquella cajita a medio construir. Donde se iban almacenando nuestros recuerdos y que se escaparon por una grieta más grande que nuestras promesas."


Te odio por la nota que dejaste al despertar, huyendo.
Te odio por los días que has estado sin estar, dentro de mi.
Te odio por dejarme a medias antes de llegar al éxtasis.
Te odio por tu boca que carece de verdad, y sigue así.
Te odio como nadie en este mundo te odiará.
Te odio como no se puede odiar a nadie más.
Te odio por que siempre sigues, siempre sigues, siempre sigues ahí.
Te odio tanto que podría hacerte resucitar del miedo.
Olvidaste en mi alma el cuaderno en el que solías preguntar cuantos días quedan para vernos, tengo el corazón a punto de estallar.

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