>> domingo, 1 de noviembre de 2009


No. Neguémonos a ser lo que todos quieren que seamos. A regalar te quieros a diestro y siniestro como si esa palabra dejara de tener sentido. Huyamos de los prejuicios, esos que giran todas las miradas y convierten sus caras en muecas de profundo asco. Dejemos a un lado los cambios. Tengamos alergia al ser o no ser, que esa es la cuestión. Al vivir que la vida son dos días. Defendamos el no tener que levantarse de la cama cuando el mundo se te ha caído encima. Exijamos a alguien que nos levante a empujones. Que a pesar de todo, esté. No tengamos miedo de sentir lo nunca sentido. De arriesgarnos a algo arriesgado. De tirarnos mil veces al precipicio de los errores. De enmendarlos a golpe de sonrisa. De olvidarlos, que es lo más importante.
De no martirizarnos con cada fallo no siendo nuestra la culpa. No haciéndolo tampoco aún que lo sea. Porque todo tiene solución. Casi todo al menos. Defendamos el miedo como auto defensa. No lo tengamos cuando se trata de subsistir. Permitámonos ser felices, sin pros, sin contras. Sin pensar ni recapacitar. Sin dejar escapar momentos únicos. Sin dejar de mirar las estrellas por mucho frío que sientas. Por mucho vacío que crezca. Por mucho que ellas ya no te esperen.



Gasolina en la sangre, estoy bien, no estás lejos.

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