>> jueves, 28 de enero de 2010


Dedicado a aquellos que no quieren sentir. A los que sienten sin querer. A los que se dejan llevar. A los que las hostias de la vida les han dejado desarmados e indefensos. A los que se levantan de la mierda a pesar de todo. A los que se enamoran sin temor. A los que tienen pánico a ser correspondidos. A los que viven esperando. A los que no saben bien lo que esperan. A los que miran por la ventana y piensan en ver al amor de su vida cruzar la acera, hasta su puerta. A los que sueñan con que algún día aparezca ese alguien. A los que quieren romper sus esquemas. Más bien, que se los rompan. A los que siempre tienen miedo. A los que lo perdieron entre la desnudez y el olvido. A los que un viaje largo solo significa un abrazo. Sentir el calor de la otra persona. Notar en sus carnes lo que significa verte reflejado en los ojos de otro. A los que se prendan con la mirada. A los que a pesar de amar, no hablan. A los que hablan antes de amar. A los que envían mensajes porque simplemente, se acuerdan de ellos. De su sonrisa. De los que existen por existir. Los que existen por otro. También, esto va dedicado incluso a aquellos que nunca amaron. Que engañaron. A los que se dejaron engañar. Esos que se vendaron la mirada porque era más fácil ir a ciegas. Por muy grande que fuera el daño. Para concluir aquellos que aún aman, quieren y sueñan. Para los que tiraron la toalla. Para los que perdieron hasta la esperanza.

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