>> lunes, 25 de enero de 2010


Noticia. Muere ella y su agonía. Sus penas instaladas entre la razón y el sentido común. Desapareció aquella sonrisa. Con ella los enamoradizos ojos que se prendaron de tantos otros. Fallecen los sentimientos que se mudaron a los barrios marginales del corazón. Dónde las palizas eran tan constantes como las propias hostias de la vida. Recordaremos algo, como que suave tenía siempre el pelo. También si realmente se lo merecía. Juzgaremos sus actos. Divinos hechos que quedarán a fuego en nuestra cabeza. Dulce agua tibia el tiempo que logrará apagarlo. Nos desharemos de sus errores. Los enmendaremos a base de añorarla de boquilla. Se secarán las lágrimas al cruzar el umbral del hogar. Dónde los comentarios quedarán en leves susurros. En aquellas cenas que homenajearán la hipocresía. Porque ella no está para juntar todas las partes de este puzzle de mil y una piezas. No lograremos perdonarla del todo por haber dejado aquellas manchas de sangre en las toallas. Con lo que cuesta quitarlas. Allí quedará la taza en la que tantas mañanas ahogó sus lamentos junto al café. Muriendo en el amargo líquido las preguntas que esperó responder. Ni siquiera miraremos más su foto. Esa que coge polvo al fondo de una estantería de último modelo. Muchas velas gastadas. Esperando una oración de consuelo. Un perdón sincero. Una mirada que, aún que tarde, intente salvarle la vida.

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