>> sábado, 6 de marzo de 2010


Mi mirada se perdió en las blanquecinas nubes. Se encontró en el cielo azul. Siguió el camino de un avión cualquiera y viajó hasta los confines del mundo. Me hallé entre tanta fantasía. En mi interior aquel vacío que se hacía más o menos familiar. La garganta seca. El agua no saciaba las ganas. El vodka se había convertido en la dañina medicina. Las cinco en punto. Demasiado temprano para empezar a beber. Demasiado tarde para dormir. Permanecí inmóvil y vi como el amanecer envolvía la escena de alegría. Ya no te me apareces cuando cierro los ojos. Empiezas a hacerte casi invisible. Llévate contigo la ausencia. Marchaos bien lejos y no volváis. Ni tú ni tu dulce sonrisa. Gracias por aparecer cuando menos te necesitaba. Gracias por retornarme el dolor que con cuanto esfuerzo me había costado echar de mi lado. Perdóname. Por existir. Por escudarme detrás de tu espalda. Ya casi no me haces falta. De aquella manera que mi mente soñó. Ni tus besos iluminan el cielo de mi boca. Será mejor que solo seamos amigos. Te envío los trozos de mi piel. Allí quedan los rastros de tus labios. Ya no te debo nada. Que te vaya bien.

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