>> jueves, 18 de marzo de 2010

- Contuvo la sonrisa. Se lanzó sobre mi tumbándome en la moqueta morada. Clavó sus ojos color miel en los míos. Aprovechándose de la luz que desprendían al mirarle. Amarró mis labios con devoción. Se alimentó de mi saliva y rejuveneció por momentos. Arañé su nívea piel. Dejé aquellas rojas marcas sobre su cuerpo que simbolizaban mi pasión reprimida. Su pelo negro relucía a la luz de una luna escondida entre nubes negras. Avergonzada. Casi reprimiendo mirar como se desataba la furia de dos cuerpos incandescentes. Ardía el fuego debajo de las sábanas de seda. Se entrecortaban las respiraciones. Me apoderaba de sus labios rojos. Hinchados. Los devoraba sin poder contenerme. Y intercambiábamos respiraciones. Nos robábamos el aire. Nos sentíamos estremecer. Dábamos a la locura un toque de cordura entre tanto placer. Y al alzarnos en la cumbre el sol salía entre los resquicios de un día de verano. Con el bochorno pegado en nuestra piel.

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