>> viernes, 9 de abril de 2010

- Madrugada. Fría. Gélida brisa que corta mi cara. Suspiros. Se escapan. Huyen entre beso y beso. Rozan el alma y la tornan cálida. Se cruzan miradas. Perdidas en el manantial de los recuerdos. Aquello que nunca sucedió. Solo en una sola imaginación. Conjuntos deseos. Vidas paralelas. Oscuridad que se me antoja luz al final de un túnel. Primera sonrisa. Manos que se entrelazan. Viento que se escapa entre mis dedos. Bocas se sacian la sed en labios ajenos. Sobredosis de efímera felicidad. Momentanea alegría. Necesitarse más que el propio respirar. Olvidarse de todo lo demás. Podría caerse el mundo. Como bola de cristal podría hacerse añicos. Que las cojan entre caricias. Entre este ahora disfrazado de siempre. Amainó la tormenta. Saciadas sus ganas de curar cicatrices. Dejaron de supurar dolor a borbotones. Que las observe el amanecer. Tiñendo sus cielos de rosados colores. Respirando la libertad que concede una sola noche. Dormir entre los brazos de aquella persona que te hizo volver a sentir. Porque no despertarán de ese sueño robado. Ni por mucho que el Sol y la Luna las bañen con su taciturna luz.

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