>> lunes, 13 de diciembre de 2010


Y puede que la vida me devuelva algún día los pedacitos de felicidad que entregué sin pedir nada más que un poquito de conversación despreocupada a las tantas de la mañana. En un parque. Aquel parque que vio el amanecer de tus sonrisas y hacerse trizas mi esperanza contra el suelo de tu nueva vida. Aquella que me incluye en un segundo plano, cerca de las cámaras que graban tus experiencias y éstos ojos que se nublan al escucharte respirar cerca de mi piel.
Te pierdes en tu gracia infinita y en tu grata existencia y dejas la mía patas arriba y sin posibilidades de mejorar.
Arrastras contigo las palabras, las miradas y los centímetros que han separado tus labios de los míos como parte de aquel pasado que nunca debió suceder. Dejas mi alma encadenada a tu ausencia y a los momentos que me gritan no volver jamás. Me dejas con el miedo que supone no volver a sentirme así. Sin ti. Y ahora casi sin mi.

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