>> viernes, 1 de marzo de 2013

- En la vida existen infinidad de caminos. Algunos los tomamos porque así nos los imponen. Otros los tomamos como decisiones propias y equivocadas que luego nos reportan errores de los cuales aprenderemos. Aunque no siempre de inmediato. A veces necesitamos volver a tomar ese camino otras miles de veces. Para darnos cuenta de que aquello no es lo correcto. Al menos no para nosotros. 
Luego están los otros caminos. Aquellas caminatas agradables bajo un sol de abril. Ese que aún no se pega como ardientes ascuas en la piel. Que aún te relaja los músculos. Aquel que es deseoso sentir. Como las primeras mariposas en el estómago producidas por una nueva ilusión. De esos no hay demasiados. A veces lo parecen, pero no son más que disfraces. Máscaras engañosas. Como las personas que los habitan. No siempre esas personas están ahí por gusto, no con el fin de atraernos. Puede que simplemente sean así y que tú no seas capaz de verlo. 
Lo más difícil en esta vida es encontrar esos caminos. Los que nos llevarán a un adorado Nirvana interno. Donde la felicidad la fabricamos nosotros y no depende de nadie. Donde la libertad no es un concepto de diccionario esclavizado dentro de su propia definición. Porque cuando lo encuentras todo tiene sentido.
Y es entonces cuando todo llega, todo pasa. Porque hay personas que se labran ese camino. Aunque sea dentro de los que, al principio, no lo parecían. 


"Las estrellas están ahí, solo tienes que mirarlas."


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