>> domingo, 14 de junio de 2009


Amanecía, sentí de nuevo el bochorno estival pegado a mi piel, aliviado por la brisa que provenía de un mar no demasiado alejado. Abrí los ojos despacio, pestañeando hasta que se acostumbraran al fogonazo de luz anaranjada que recibían. Estaba completamente rodeada de arena y polvo. Aún podía escuchar al mar romper contra la orilla, las grandes olas se deshacían cuando tocaban tierra. Me giré, vi los restos de la hoguera, con algunas llamas aún vivas ardiendo y luchando contra el viento. A mi alrededor solo caras conocidas, demasiado me atrevería a decir. Todas dormían plácidamente, su sueño no se había visto interpuesto por el pronto amanecer. Cuando algo se removió debajo de mi le miré, allí estaba mi sueño echo realidad. Sus cabellos morenos tapaban su rostro níveo e impoluto. Los labios rojos que ahora respiraban cálidamente, aquellos que me hacían vibrar cada vez que me rozaban. Ese era uno de aquellos momentos que recuerdas toda tú vida, en los que te despiertas en brazos de la persona que amas y que decides que el objetivo en tu vida será amanecer todos los días a su lado. 



Porque esto solo es la subida.

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