November

>> domingo, 1 de mayo de 2011

Amanecía. Y si el sol bañara con sus rayos mi piel apostaría a que ni siquiera siento su calor. El gélido frío que se instaló en mi interior el día que me di cuenta de que tú presencia sigue en mi aún no me abandonó. Ni la herida, más abierta que nunca, la que intento cerrar a base de alcohol que no se encuentra más que en las farmacias abiertas 24 horas. Tu sonrisa se dibuja en mis recuerdos como pequeña burla del destino. Aquel que nos unió con lazos frágiles. Que nos separó de manera repentina y dejó a este pobre corazón sin explicación ninguna ¿Realmente la quería? ¿Realmente la escuché si la hubo? Prefiero llorarle al cielo antes de pensar si, todo esto es algo que me he buscado yo misma. No busco emocionar a un receptor algo arisco a amores ajenos. Ni hacer bellas las palabras de dolor de un corazón pretendiendo huir. Necesito descargar frustraciones. De decir al mundo el pavor que siento. Levantarme, enfrentarme a su fiera mirada y no tener la intención de devorarla con devoción. De sentir como me falta el aire cada vez que me habla de alguien que no soy yo. De sentirme el mayor fracaso que ha podido existir. No solo porque ella se haya marchado, por otros asuntos que, en estas líneas, no tienen cabida. Ella es la protagonista. Ella es mi droga en la que recaigo como mera dependiente de sus labios. Y si todo fuese efímero como se suele decir, que el viento se lleve mis penas y que de esto salga de una vez algo bueno.

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