Nostálgicos estíos

>> martes, 12 de junio de 2012


- Hoy el viento huele a fresas. Huele a ese algodón de azúcar que se te deshace entre los labios un día de atardecer eterno. Huele a un verano interno. A la sonrisa que se roba entre beso y beso. Huele dulce, como el roce de su boca. 
Hoy el viento a entrado por mi ventana y me ha recordado a una de las miles de tardes que compartimos antes de que te marcharas. Como la brisa estival aliviaba mi cálida piel, que deseaba estuviera entre tus manos. 
Hoy el viento ha hecho que cierre los ojos, que recordara como era eso de corretear por una infancia perdida entre las líneas del tiempo. La música me ha invadido y me he sentido pequeña entre tanta soledad. 
Hoy el viento a cambiado de color, de olor, de sabor. Ahora mi paladar detectaba un azufre amargo. Mi lengua busca tu cuerpo, mientras desnuda, dejo que el aire recorra mis recodos y sueña con tus piernas, entrelazadas con las mías. 
Hoy el viento se ha marchado antes de lo previsto, dejándome una efímera sensación de frescor bajo mi cuello, entre mis pechos, justo después de mi ombligo. La noche ha caído y el sol se ha escondido detrás de una luna semiplena. El dulzón olor se ha marchado. 
Mañana, justo a la misma hora, cerraré los ojos y ese sabor a fresas buscará mi pelo, para impregnarse en él. Mañana será otra tarde de crepúsculos tardíos y vientos sencillos. Mañana, como cada día, ese olor me devolverá la vida. Tu vida. Si hay suerte, pedacitos de la mía. 

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